Adelina Covián

Nacida en Asturias, desde pequeña quise ser pintora, aunque en mi casa la idea no suscitaba mucho entusiasmo, pese a lo cual continué con mi empeño.

Los veranos solíamos pasarlos la casa veraniega de la familia, a unos 20 km. de Oviedo, ciudad donde teníamos nuestra residencia habitual.

En aquel lugar del concejo de Siero fue donde pasé buena parte de mi infancia, y las lluvias, como es habitual en la hermosa geografía asturiana, eran abundantes. Los pequeños dormíamos en las plantas superiores de aquel antiguo caserón, y las manchas que provocaba la humedad fueron el primer instrumento de mi aprendizaje, pues sus formas me sugerían paisajes y personajes que transformar en un dibujo.

Como no tenía suficiente dinero para pinturas, bajaba a la cocina a por carbón y ya en la buhardilla donde dormíamos, me subía silenciosamente sobre una mesa, desde donde podía, ayudada con los carboncillos, dar forma a aquellas manchas, que fueron el combustible artístico de mis primeros cuadros. Mi madre dijo muchos años después, medio en broma medio en serio, que era una pena haber borrado aquellas manchas, ya que habían sido el principio de mi carrera pictórica.

Mucho tiempo ha pasado desde entonces, pero las manchas siguen siendo un elemento esencial en la realización e inspiración de mi obra.